El gran Marius Costa, eterno delegado del equipo catalán, nos confesaba un secreto al final del partido: “Vivo al lado de Monserrat y tengo hilo directo con la Virgen”. De esta manera intentaba justificar los seis  disparos que nuestro equipo estrelló en las maderas de la portería que defendió, muy bien por cierto, la cancerbera catalana Raquel. La Virgen sólo tuvo una pequeña distracción en un saque de un libre directo, a mediados de la segunda mitad, y Amelia, que está en racha, hizo su propio milagro y atravesó la barrera humana que colocaron las verdiblancas y, así, hacer un solitario tanto que nos suponen tres puntos de oro para nuestro casillero. Más allá de las bromas del bueno de Marius, lo cierto es que las catalanas plantearon un dispositivo defensivo muy conservador y con mucha tenacidad hicieron casi estéril el dominio casi permanente de las nuestras. Con mucho trabajo, pero conseguimos nuestro objetivo y seguimos dando pasos.